El socialismo a internas

Por Matías Mowzset

Es domingo son las elecciones internas para definir a la conducción del histórico Partido Socialista a nivel nacional, en el momento más álgido de las discusiones hacia el interior de su estructura.

Más allá de lo normal que resultan las discusiones pragmáticas en el marco de un partido con muchos años y muchos afiliados, el síntoma que sirve de diagnóstico es el tono y la capacidad de sostener espacios de unidad pese a estas.

En el caso del Partido Socialista, esta situación resultó problemática porque fue víctima del achicamiento y debilitamiento de las opciones alternativas que apuestas a “terceras vías” o a marcos de “conciliación” frente a la cada vez más grande polarización que existe en el país y ue obliga a los distintos actores a pararse de un lado o de otro.

Esta situación afectó fuertemente al PS, no solamente por sus chances electorales sino por el surgimiento de esas discusiones respecto al posicionamiento en el marco de sus propios debates internos. En algunos casos, llegando hasta la tan temida ruptura.

El Partido Socialista decidió en su último congreso de cara a los comicios presidenciales de 2019, formar alianza con distintos sectores que propugnaban la tan mencionada “tercera vía”. La consigna era la de representar un espacio abierto, sin ser demasiado celosos en la agenda programática socialista que, ciertamente, no era compartida por la mayoría de los socios de la coalición, y también la complacencia respecto de antecedentes y currículum de los posibles aliados.

Así, el Partido Socialista ingresa a una coalición que luego iba a ser denominada “Consenso Federal” y que llevó la candidatura de Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey. La estrategia en sí generó ruidos hacia adentro de las bases partidarias porque siempre hubo un sostenimiento de la conducción de la imposibilidad de generar acercamientos con el peronismo, de quienes decían que tenían ideas muy lejanas al socialismo. Tras esa argumentación, compartir espacio con el sector más conservador y ortodoxo del peronismo como era el PJ salteño de Juan Manuel Urtubey con vistas a aliarse a otros dirigentes peronistas como era el caso de Juan Schiaretti, Miguel Ángel Pichetto y Sergio Massa, generaba profundos debates hacia adentro sobre si los discursos eran sostenibles en la realidad.

Finalmente, estos últimos tres se alejaron del espacio: Massa se incorporó al Frente de Todos, Pichetto a Juntos por el Cambio y Schiaretti se fue de la coalición a militar su boleta provincial propia.

Para los puristas del partido, estas deserciones convertían a la candidatura en una opción más “fácil de defender” frente a las críticas de las bases. Para los pragmáticos que aspiraban a lograr poder real, lo que hacían estas deserciones era volver cada vez más angosta la tercera vía y, en definitiva, polarizar más aun la elección.

La primera salida a la cancha de este mapa político mostró lo débil del planteamiento del socialismo, que perdió la provincia de Santa Fe, la única en la que gobernaba y desde la cual el partido pudo tener cierta incidencia nacional.

El ejemplo santafesino, tantas veces citado como una muestra de éxito de una plataforma socialista a la hora de ganar elecciones y sostener gobierno con el paso de los años, algo inimaginable para el resto de las opciones que abogan en el marco de la “izquierda dogmática”, cayó en 2019 frente al peronismo de la provincia, que llevaba la candidatura de Omar Perotti.

El socialismo sale eyectado del gobierno de Santa Fe tras 12 años en el poder y su debilidad se volvió más patente que nunca.

En ese contexto y tras los roces propios de la discusión estratégica, vienen las primeras heridas reales. El Partido Socialista de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires decide desobedecer la decisión de la asamblea nacional y se incorpora a la alianza Juntos por el Cambio de la ciudad, poniendo a su referente, Roy Cortina, como candidato a legislador en la lista de Horacio Rodríguez Larreta.   

El partido a nivel nacional acusó a Roy Cortina de haber traicionado a las bases y de haberse vendido al macrismo por un cargo entregando al socialismo. A partir de ese momento, las relaciones entre las conducciones del PS nacional (y de Santa Fe) y el PS de CABA quedaron congeladas.

Roy Cortina, por su parte, sostiene que no existió tal traición porque el mandato de la asamblea nacional era la de no acercarse al peronismo ni al macrismo a nivel nacional, pero nada decía de los distritos puertas adentro. El argumento de Cortina era que él se alió a Rodríguez Larreta pero no a Macri, entonces, no hubo desobediencia.

Puso el ejemplo del PS de Córdoba, que se alió con el PJ provincial para apoyar la candidatura de Juan Schiaretti, y que allí no hubo problemas con la conducción nacional.

Además de expresar que el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires era “distinto” al entonces Presidente de la Nación, Mauricio Macri, y que Larreta era más abierto a considerar las ideas del programa socialista, Roy Cortina defendía su alianza diciendo que, en realidad, ellos integraban un espacio común de trabajo con el partido Evolución de Martín Lousteau en la ciudad, y que ese espacio fue ratificado por la conducción nacional antes. Entonces, como Lousteau se pasó a Juntos por el Cambio, ellos, por la alianza que tenían con Lousteau ratificada en asamblea, estaban habilitados a pasarse con él.

Esta disputa es, en definitiva, la que va a chocar electoralmente este domingo. Por un lado, va como candidata a presidenta nacional del partido Mónica Fein, la ex intendenta de Rosario y firme defensora de la postura de sostener la “tercera vía” construida con el lavagnismo. Mónica Fein va con todo el PS de Santa Fe detrás de ella. Incluso, cuenta con el apoyo de dos ex gobernadores que estaban enemistados y se reconciliaron para apoyarla: Miguel Lifschitz y Antonio Bonfatti.

También apoya a esta lista el único diputado nacional del Partido Socialista, Enrique Estévez, de Santa Fe.

El motivo de unidad entre todos estos sectores con rivalidades propias viene con una consigna clara: evitar que el PS caiga en las garras del macrismo.

¿Por qué dicen eso?

Porque el candidato que enfrenta a Fein es, nada más y nada menos, que Roy Cortina, que va a elecciones con toda la estructura del PS de CABA detrás de él.

Roy Cortina sostiene que hay que romper con Consenso Federal y aliarse a Juntos por el Cambio para, desde allí, apostar al crecimiento interno de Horacio Rodríguez Larreta y derrotar al sector más ultra de aquella coalición, representado por Mauricio Macri y Patricia Bullrich. El PS santafesino acusa a Cortina de querer “entregar el partido al macrismo” pero él sostiene que no es así, que precisamente quiere derrotar al macrismo desde adentro, en conjunto con Rodríguez Larreta que, según él, “es distinto”.

Esta es la gran dicotomía que se pondrá en juego en las elecciones internas, aunque también habrá un tercer jugador, un poco más marginal en la discusión porque no tiene ninguna estructura atrás. Es Eduardo Di Pollina, ex diputado y dirigente santafesino que se opuso a la alianza con el lavagnismo y con Urtubey en 2019 diciendo que eran sectores “de derecha”. Di Pollina desobedeció al partido también y llamó a votar a Alberto Fernández.

Hoy sostiene, con un poco de soledad a nivel nacional, que el partido debe confluir en la alianza del Frente de Todos. Si bien la opción es débil a nivel nacional, cuenta con algunos dirigentes de peso en Santa Fe, donde, además, le disputa la conducción provincial al socialismo tradicional.

El cortinismo se apoya en su fuerza capitalina y no tiene peso en Santa Fe, que tiene el30% del padrón nacional. Fein, por su parte, aspira a que su poderío en Rosario traccione lo suficiente para compensar la inminente derrota en CABA. Di Pollina tiene pocas expectativas a nivel nacional, pero espera incomodar a la conducción santafesina en las internas provinciales.

Así es como el debate interno del socialismo quedó atrapado, fuera de la cuestión programática o dogmática, en la grieta. La discusión es sobre de qué lado caer, o si seguir defendiendo esa tercera vía cada vez más pequeña.

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