La deshumanización en el embarazo y la maternidad

Por Tatiana Beer

La semana pasada, la periodista Julia Mengolini relató que consumió marihuana durante su embarazo, debido a los malestares que le causaba, y la repercusión fue instantánea y masiva. Los medios y personalidades salieron mayormente a la crítica, lo que dio pie a dos debates: la marihuana durante el embarazo y la deshumanización en la maternidad.

 

“La verdad es que zafé el embarazo gracias a la marihuana. No es una recomendación: porque imagínense que no me voy a animar a recomendar esto. Fue mi experiencia y yo nunca sentí que le podía hacer daño a Rita (su hija) con eso, sino todo lo contrario. Sentía que me estaba haciendo muy bien y que de otro modo hubiese estado tirada y sintiéndome pésimo”, comentó en el programa Segurola y Habana de Futurock. Además, comentó que se informó en Internet buscando estudios y que hasta habló con Sebastián Basalo, director de la revista THC, quien le envió los especiales de marihuana y embarazo del medio.

 

Sobre marihuana y embarazo se sabe poco y nada. Al ser una droga ilegal en muchos países -en Argentina solo se permite medicinalmente-, las investigaciones escasean y hasta se contradicen. Por ejemplo, un estudio publicado en 1994 analizó a 44 bebés y concluyó que no hubo diferencias entre quienes estuvieron expuestos al cannabis y los que no. Sin embargo, otro informe del año pasado, dice que el consumo está asociado con resultados del neurodesarrollo del feto a largo plazo que persisten hasta la edad adulta.

 

“Durante mi embarazo usé cannabis con un vaporizador porque no es recomendable fumar NADA durante el embarazo. La vaporización evita la combustión que, esto sí está comprobado, hace daño a la salud. No se sabe si el cannabis atraviesa la placenta. No hay estudios al respecto. Tampoco hay estudios que digan que el cannabis dañe al feto. (…) Muchas mujeres nos sentimos para el orto durante el embarazo: tenemos náuseas, mareo, cansancio brutal y todo, absolutamente todo prohibido por las dudas. Y todavía no hay un medicamento inventado para amainar un poco ese malestar” escribió la periodista en su Instagram, luego de las repercusiones de sus dichos.

 

Lo que es notorio y evidente son los estereotipos que una mujer embarazada debe afrontar desde el minuto uno. Su imagen es inmediatamente santificada, mitificada y arraigada a la perfección. Lamentablemente, son prejuicios que acompañarán a la madre durante el resto de su vida, con la sociedad expectante desde el más mínimo de sus pasos. Aparecerá el término “mamá luchona”, si se trata de una soltera, “abandónica”, si trabaja, o “sobreprotectora”, si se queda en casa. Nada es suficiente.

 

La única manera de cambiar los prejuicios es humanizando, es decir que se pueda elegir, no solamente la maternidad sino qué tipo de la misma. Saber que está llena de errores. La maternidad activista es indignada: critica el sistema que la oprime, que la convierte en un martirio, en la construcción de algo que no somos. No somos vírgenes, no somos buenas personas solo por ser madres, como tampoco lo son los padres. Es correrse de ese lugar sacramental donde nos ponen. Un activismo hacia el interior del hogar, porque nuestres hijes aprenden. Mamá hace todo lo que puede y le llueven críticas que no le pasan a papá. La maternidad activista es más humana, es salir de la mártir” expresó Valeria Salech, integrante de Mamá Cultiva.

 

Sobre el caso de Mengolini, opinó: “Nadie utiliza la marihuana para hacerse daño. Se supone que las mujeres cuando estamos embarazadas estemos contentas, radiantes y felices y no es así. Muchas veces la pasamos muy mal. A veces son unos meses y a veces es todo el embarazo. Son náuseas y vómitos, la imposibilidad de comer y dolor. No es color de rosa. Muchas de nosotras sabemos que la planta puede acompañar esos procesos dolorosos, mejorarlos o aliviarlos, pero no lo contamos. Hay un tabú y esta mirada prejuiciosa que tenemos que sobrellevar las mujeres. La mochila de estar siendo juzgadas todo el tiempo, que no nos permite contarlo. Que Julia lo haya contado me parece fabuloso para que se hable y para que muchas otras puedan salir de placard y decir que también la usaron para las náuseas. Es válido y es lo que pasa”.

 

La maternidad es uno de los ejes más grandes en la desigualdad. Tanto en la crianza, lo doméstico, lo social, lo económico y hasta lo laboral -¿cuántas hemos escuchado la pregunta de si tenemos o queremos hijos en una entrevista de trabajo?-. El estigma de ser ejemplar permanece aún hoy en día. El inexistente paso de ser mujer a ser madre, figura vista como la más santificada de los supuestos imaginarios, como si una no fuera sin la otra. Pero la presión persiste y ataca. 

 

Es curioso como en este caso se juntaron dos de los tabúes más grandes. En definitiva, son necesarios más estudios sobre plantas, drogas y demás para obtener más información. Y debe dejarse de ver a las madres como un ente deshumanizado, con la obligación de la perfección absoluta, si es que existe tal cosa. Lo científico y lo social en una misma perspectiva que nos atraviesa: ¿Cuánto más vamos a seguir siendo juzgadas las mujeres? 

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