Alberto Fernández termina su gira europea con más espalda para negociar

Por Matías Mowszet

Casi como las recorridas de reclutamiento de los emisarios de un rey para reunir ejército cada vez que se avecinaba una guerra, el presidente argentino corporizó su propia búsqueda de fuerzas en una gira por los países aliados del viejo continente de cara a la inminente negociación con el FMI y con el Club de París, mientras el reloj avanza y queda cada vez menos tiempo.

La situación que vive nuestro país en relación a los compromisos internacionales es ésta: la parte de la deuda que correspondía a los bonistas privados ya fue acordada mediante el canje que logró el Ministro de Economía, Martín Guzmán, en agosto de 2020. Sin embargo, resta la segunda parte que es con las entidades oficiales de crédito.

Argentina tiene un vencimiento de 2.400 millones de dólares con el Club de París para el 31 de mayo de este año (es decir, en pocas semanas) y el Gobierno está buscando un acuerdo con la entidad que le permita postergar los pagos hasta 2022, cuando la negociación con el FMI haya finalizado. Si no se llegara a un acuerdo, el país tendría que desembolsar esos 2.000 millones de dólares para evitar, en última instancia, un eventual default.

Además, sostiene una deuda de 53 mil millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional que busca renegociar. De esos 53 mil millones, 4 mil millones deberían ser pagados durante la segunda mitad de este año.

El préstamo original tomado por la administración de Mauricio Macri fue de 45 mil millones y se fue a ese número por los intereses. El FMI no acepta quitas como otras entidades, es por eso que la base de la negociación se trata de buscar un “acuerdo de facilidades extendidas” que significa que el esquema de vencimientos se postergue y se adecue de una manera que sea posible de afrontar para nuestro país.

Junto con ese pedido, el Gobierno quiere que el FMI aplique una tasa de interés especial del 2%, en lugar de la tasa regular del 4%.

Para presionar al fondo con todas esas exigencias, es que Alberto Fernández decidió encarar personalmente la búsqueda de apoyos internacionales a través de la gira europea de esta semana por los cuatro países en los que esperaba encontrar mandatarios que respalden enérgicamente la postura.

Comenzó en Portugal, donde fue recibido por el primer ministro Antonio Costa, secretario general del Partido Socialista de ese país. El ejemplo del programa económico portugués para la recuperación tras la crisis aplicada por Costa es un buen archivo al que el Gobierno argentino puede echar mano para conversar con los acreedores.

Continuó en España, donde se encontró con Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que gobierna el país en una coalición centroizquierdista que comparte con la formación Podemos, fundada por el retirado Pablo Iglesias.

Siguió en Francia. Allí se produjo el encuentro con Emmanuel Macron, el presidente francés con quien Alberto tiene una relación de amistad.

Y finalizó en Italia. Roma fue escenario del encuentro entre el presidente y el Papa Francisco, para luego cerrar la parte originalmente planeada con el primer ministro italiano Mario Draghi que, además, es el expresidente del Banco Central Europeo y protagonizó el programa monetario revolucionario que permitió al continente salir de los efectos de la crisis hipotecaria estadounidense de 2008.

Todos estos interlocutores se expresaron de manera fuerte a favor de la posición argentina y pidieron públicamente flexibilidad al FMI a la hora de ejecutar o negociar la deuda de nuestro país.

El Papa Francisco ya había emitido una declaración pública en abril del año pasado pidiendo una “reducción significativa de la deuda” al FMI. Además, Alberto Fernández hizo mención en reiteradas ocasiones a una “ayuda silenciosa” brindada por el pontífice durante la renegociación con los bonistas privados, cuando el acuerdo fue concretado en agosto. Esta mención incluyó una llamada de agradecimiento que viajó de Buenos Aires a Roma horas después de aquel anuncio.

El dato más sobresaliente, además de las contundentes palabras de los importantes mandatarios europeos, fue que la conversación con Macron incluyó el tema del acuerdo con el Club de París y Fernández anticipó que, gracias a las gestiones de Martín Guzmán, que acompañó al presidente, pero tuvo su propia agenda de reuniones, esa negociación se encontraba avanzada.

«Martín ha avanzado mucho en eso y creo que estamos trabajando bien. Seguramente hablaremos de eso con Macron» dijo apenas aterrizó en el aeropuerto Charles de Gaulle. La importancia del Club de París en este contexto radica en la urgencia de ese vencimiento del 31 de mayo.

Al finalizar el programa original, la comitiva sumó un día más a la estadía para buscar una reunión entre Alberto y la directora del FMI, Kristalina Georgieva. Esa reunión fue confirmada para operar como cierre de viernes, último día de la gira europea y a la que el Gobierno argentino fue a debatir con la mochila de apoyos recién horneada y las armas afiladas.

La presión internacional se suma a aquella ejercida desde el norte del otro continente, de América. Tras una reunión virtual que mantuvo el presidente de la Cámara de Diputados de Argentina, Sergio Massa, y Gregory Meeks, titular de la Comisión de Relaciones Exteriores del Capitolio de los Estados Unidos, en la que Massa contó sobre la situación argentina y, según público en su cuenta de Twitter, recibió el apoyo de Meeks en lo referido a las negociaciones con el FMI, hubo un potente gesto proveniente del Capitolio.

70 representantes del bloque demócrata en el Congreso de Estados Unidos presentaron un proyecto para que la Casa Blanca le exija al FMI suspender el cobro de todos los servicios de deuda a la Argentina y a otros países deudores hasta que finalice la pandemia.

El proyecto se llama “Una Contundente Respuesta Global a la Pandemia del COVID-19” y también demanda que el Fondo facilite el financiamiento de países que lo necesitan, resignando las condiciones de austeridad fiscal habituales.

A las conversaciones de Massa, las negociaciones de Guzmán y las declaraciones de mandatarios logradas por Alberto, se le sumó el aumento del tono en los discursos del ala kirchnerista dura, acusando al FMI de haber violado sus estatutos para realizar un desembolso que ayudara a la campaña presidencial de Mauricio Macri, un tema particularmente incómodo para la cúpula del fondo ya que propios exfuncionarios estadounidenses admitieron que se realizó por orden de Donald Trump, lo que viola la autonomía histórica del organismo.

Esta semana confluyen las consecuencias de todas las gestiones conjuntas que tuvieron los distintos representantes del Estado argentino de cara a una dura negociación y a la perspectiva de repetir la épica nestorista de 2005.

En ese sentido, la reunión mano a mano entre Alberto Fernández y Kristalina Georgieva de esta mañana tuvo declaraciones de la titular del fondo que fueron refrendadas públicamente en la cuenta de Twitter del Presidente, en las que valora positivamente el encuentro, se solidariza con nuestro país y se compromete a trasladar los reclamos argentinos al resto de los miembros del equipo ejecutivo de la entidad. Esta reunión puede dar más noticias en relación a posibles avances que aflojen la soga que nuestro país tiene en el cuello tras el endeudamiento que tuvo lugar en la anterior administración. 

Lo cierto a estas alturas es que el timing político de verse con Kristalina como frutilla de cierre de una exitosa gira de apoyos internacionales tuvo su efecto triunfalista deseado. Ahora falta que aparezcan los resultados.

Fotografía: France24

Share:

Facebook
Twitter
LinkedIn
contacto

Escribinos por más información

info@mottme.com