Un mundo de sensaciones: Drogas recreativas, un recorrido subjetivo y parcial por este mundo de placeres, riesgos y…autodescubrimiento?

Por Ignacio Jure de Tomátelo con Ciencia

Ehh Loco!!! Legalicen el faso porque cura el cáncer, la epilepsia y además no es adictivo!! No mentira, no es esa la onda de este artículo. El cannabis ha demostrado ser muy útil como tratamiento paliativo en muchas patologías incluidas la epilepsia y el cáncer, por otro lado si bien no se caracteriza por ser especialmente adictivo, en algunas personas puede generar dependencia y es susceptible de transformarse en una droga de abuso. Por otro lado, muchísimas personas hacen un uso recreativo responsable del cannabis y la pasan bárbaro. En fin, si vamos a hablar de drogas tenemos que abandonar un poquito los extremos para poder encontrarnos.

La idea de este artículo es que juguemos a comprender algunas de las cosas que pasan en nuestra mente cuando nos drogamos. Para ello tenemos que armar un modelo que nos permita entender al menos de manera rudimentaria como funciona nuestra mente. El modelo que voy a proponer es una híper simplificación y puede inclusive tener aspectos incorrectos, no importa, tampoco esto es un curso de neurobiología, solo nos tiene que servir por un rato para pensar cómo y por qué nos pegan las drogas. Aquí vamos!.

Imaginemos entonces que nuestra mente es un aparato que recibe información, la procesa y genera una respuesta. Esa respuesta es de dos tipos, conductual (lo que hacemos) y anímica (como nos sentimos). Obviamente ambas están articuladas entre si.

¿Qué sabe la neurobiología sobre cómo funciona este sistema? Muchas cosas, pero también desconoce muchas otras. Conocemos detalles pequeños sobre nuestro cerebro, que es el sustrato físico donde ocurren estos procesos. Sabemos cómo se comunican las neuronas entre si y cuáles son los neurotransmisores involucrados en dicha comunicación. Sin embargo si nos alejamos un poco para ver un panorama más amplio, la cosa se complica. ¿Cómo se traduce esa comunicación de neuronas en sensaciones, sentimientos y pensamientos? ¿Qué es la conciencia? Si bien hay muchas teorías e ideas al respecto, estas preguntas ancestrales continúan sin respuesta. Conocemos solo algunos fragmentos de un rompecabezas cuyas piezas por ahora no pudimos ni siquiera terminar de contar.

Vamos ahora a modo de ejemplo a profundizar un poquito en un sistema que se conoce bastante bien. Cuando algo nos da placer liberamos dopamina (que es un neurotransmisor) en algunas regiones de nuestro cerebro y la dopamina ayuda a que fijemos el recuerdo de eso que nos dio placer y hace que en una situación parecida tratemos de volver a hacerlo, para que se vuelva a liberar la dopamina. Este es el famoso “sistema de recompensa”, como la liberación de dopamina nos da placer tratamos de hacer las cosas que inducen su liberación, que sería la recompensa. Básicamente funciona modulando nuestra conducta y es un sistema primitivo de aprendizaje, si comemos al tener hambre, bebemos al tener sed, tenemos sexo o bien hacemos algo que nos gusta mucho liberamos dopamina y sentimos placer, por lo tanto reforzamos la conducta. Traigo este sistema a modo de ejemplo porque es un caso que se conoce muy bien de cómo se articula una sensación subjetiva (el placer) con el sustrato físico que genera la misma (la liberación de dopamina en ciertas partes del cerebro).

Bueno ya paso la parte pesada de modelos y ejemplos, ahora empezamos a jugar y nos imaginamos que nuestra mente es una construcción muy compleja que está en constante transformación y que se empezó a generar desde que nacemos o quizás antes, desde que estamos siendo gestados. Entonces tanto nuestra personalidad, como los pensamientos que tenemos en un determinado momento, son producto de todos los estímulos que recibimos en nuestra vida y nuestra forma de procesar esos estímulos. Vamos construyendo nuestra propia interpretación de la realidad, nuestros afectos, sentimientos y todo eso que nos hace seres únicos e irrepetibles. Subjetivos. Esa construcción que genera nuestro pequeño universo individual que a su vez para nosotros es todo, se da de manera natural. Recibiendo información, es decir, viendo, escuchando, pero también hablando, recorriendo, pensando, amando, en definitiva viviendo.

¿Y qué tienen que ver las drogas con toda esta construcción? Que vienen a alterarla. Entonces, tenemos una construcción mental que se formó naturalmente durante toda nuestra vida y que es totalmente dinámica. Digo que es natural y dinámica porque se genera y luego se va moldeando por todas las vivencias de los individuos que a su vez son simbólicas y subjetivas. Pero en algún punto que no conocemos bien del todo, se articula ese mundo subjetivo y simbólico propio del sujeto con el mundo físico que subyace a la formación de la mente. Justo en ese punto actúan las drogas, pertenecen al mundo físico porque son moléculas que actúan específicamente en receptores de nuestro cerebro, pero se articulan con el mundo de nuestra construcción mental simbólica porque vienen a modular un dialogo que ya estaba abierto. Es decir, antes de drogarnos nuestro cerebro estaba funcionando, inclusive probablemente estuviera sobreestimulado por la propia perspectiva de consumir el psicoactivo. Entonces a todo ese proceso complejísimo de comunicaciones neuronales que se gestó con nosotros, lo alteramos desde el propio centro de su funcionamiento. Un sistema que se preparó toda la vida para responder a estímulos externos, se encuentra de golpe con una alteración interna, para la que no está preparado. Pero acá no termina la cosa, en realidad recién empieza porque este sistema recién alterado tiene que seguir funcionando. Entonces de pronto ante un estímulo puede dar una respuesta incrementada, reducida o acaso diferente. Seguramente muy intensa, ya que las drogas suelen activar los sistemas sobre los que actúan en una medida mucho mayor a la que sería su activación natural.

Ahora ya estamos drogados y entonces el sistema mental que se construyó de una manera lenta y natural durante toda nuestra vida se vio alterado en apenas minutos y de pronto sentimos, percibimos, pensamos y quizás hasta en algún punto somos distintos. Esta alteración abrupta de ese sistema tan complejo que es nuestra mente puede ser maravillosa y llevarnos a momentos muy primitivos donde el sistema mental era joven aun y por lo tanto más plástico, podemos tener la sensación de estar redescubriendo el mundo o quizás de ver aspectos de nosotros mismos desde una perspectiva totalmente nueva. Es que hay un pedacito de nuestra construcción mental que se rompe y se reconstruye, quizás ampliando sus límites.

¿Pero siempre se reconstruye?

Alterar nuestra mente de manera rápida y a veces exagerada no es gratis, en algunas situaciones puede resultar pavoroso que de pronto el mundo y nuestros sentimientos dejan de ser lo que siempre “supimos que eran”. Nosotros mismos nos sentimos tan distintos que podemos perdernos, despersonificarnos. Y claro, si durante toda la vida construimos de manera paulatina una estructura mental y la venimos a alterar de un “saque” en un ratito esa estructura se puede desestabilizar de más y eso da miedo, estamos hablando del famoso “mal viaje”. En la mayoría de los casos esto se limita al momento en que la droga está haciendo efecto, luego volvemos a la normalidad y solo nos queda el recuerdo del miedo que provoco estar fuera de nuestra mente. Sin embargo en algunos casos la desestabilización de nuestro sistema mental, generada por una droga, puede ser muy grande y generar alteraciones permanentes.

Nuestro sistema mental no solo se puede desestabilizar con las drogas, de hechos no todos tenemos la misma estabilidad, emocional, sentimental, etc. Y cuanto más inestables somos naturalmente, más peligroso es consumir un químico que venga a alterar el sistema de manera abrupta. En otras palabras si estamos atravesando un momento de bipolaridad o depresión o simplemente no nos sentimos bien, quizás no sea el mejor momento para experimentar con psicoactivos porque meterle un empujón a un sistema que ya está trastabillando, lo puede tirar al piso.

Finalmente quiero aclarar que este artículo hace referencia a experiencias aisladas de psicoactivos y no aborda el tema del abuso o adicción, queda en el lector imaginarse lo que pasa si jugamos de manera continua a desestabilizar el sistema y siempre hacia el mismo lado. ¿Se llegara acaso a una nueva estabilidad pero esta vez artificial y sostenida por una sustancia externa? ¿Y si luego quitamos ese sostén?

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