Día del Ambiente: Discursos vs. Realidad en contexto de crisis

Por Alejo Moran Lozano y Camila Garrido de Jóvenes por el Clima Argentina

dia ambiente

Desde 1974, en conmemoración de la fecha de inicio de la Cumbre para la Tierra de Estocolmo de 1972, se celebra cada 5 de junio el Día del Ambiente. Esta conferencia sentó el precedente de las siguientes en materia de políticas ambientales internacionales. Sin embargo, cuarenta y siete años después, como colectivo socio-ambiental, nos preguntamos: luego de tantas instancias para repensar el vínculo del ser humano con lo natural, ¿se ha introducido la actual crisis climática y ambiental como eje transversal de las políticas públicas?

 

Resulta importante reflexionar acerca del contexto de los países latinoamericanos en contraste con el del país sede de la Cumbre para la Tierra en 1972. Mientras los países europeos repensaban su vínculo con la naturaleza de manera vanguardista, los países latinoamericanos atravesaban un periodo traumático caracterizado por el Terrorismo de Estado y un viraje macroeconómico impulsado por Think Tanks afines a los intereses del norte global. Así, bajo la influencia de los intereses hegemónicos, el rol del Estado quedó reducido a sus facultades represivas asegurando la persecución de los detractores de este tipo de dominación. En el periodo post dictatorial esa situación se consolidaría bajo modelos económicos extractivistas. Nuestra región quedó subsumida a una condición específica en  la división internacional del trabajo: ser un espacio para el extraccionismo con el fin de aprovisionar a los países del Primer Mundo de materias primas que estos pudieran elaborar, darles un valor agregado, revendiendo estos productos y acaparando ganancias.

 

La concepción humana actual de desarrollo se gestó sobre la base de explotar de forma cortoplacista ciertos recursos naturales. En la actualidad, esta dinámica de desarrollo desmedido se confronta con limitaciones ecosistémicas al punto tal de obligarnos a repensar los patrones de consumo para no comprometer irreversiblemente la subsistencia de nuestra y otras especies. Esta urgencia se refleja en la iniciativa de las Naciones Unidas para el Decenio 2021-2030, el Decenio sobre la Restauración de los Ecosistemas, que anuncia este plazo como “la última oportunidad para prevenir un cambio climático catastrófico”.

 

En el contexto actual los ecosistemas han alcanzado un deterioro sin precedentes. En relación con esto, uno de  los informes más prestigiosos en materia ambiental, Planeta Vivo 2020, reporta que 1 de cada 5 especies están en peligro de extinción por los impactos del cambio climático. En cuanto a la biodiversidad, comunica que entre 1970 y 2016 se registró un descenso medio del 68% de las poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios en todo el planeta. En el territorio latinoamericano esta disminución alcanzó el 94%, en comparación con la registrada en Norte América, que fue del 33%. Este contraste es el reflejo de la dinámica desigual entre la extracción de recursos naturales con relación al consumo de los mismos, siendo los países del norte global los de una mayor huella ecológica sustentada en la sobreexplotación de los ecosistemas de los países del sur.

 

En este contexto de deterioro ecosistémico, en Argentina se ha ido ampliando el marco jurídico en materia ambiental. Actualmente abarca problemáticas específicas, como los incendios forestales con la Ley de Manejo del Fuego, la protección de los glaciares con la Ley de Glaciares y Ambiente Periglacial y la deforestación con la Ley de Bosques. Además, contamos con legislación en el área educativa, como la reciente Ley de Educación Ambiental y la Ley Yolanda. Sin embargo, la teoría no siempre se vuelca a la práctica: más de 1 millón de hectáreas se perdieron como consecuencia de incendios en el 2020, las mineras Pascua-Lama y Veladero operan en zonas periglaciares y Argentina es uno de los 10 países que más ha deforestado en las últimas tres décadas, principalmente en el noreste del país.

 

Por otro lado, la carencia de la figura del delito ambiental dentro del Código Penal determina que, aún aplicando las leyes mencionadas, estas no sean suficientes para desalentar el avance del modelo extractivista sobre los ecosistemas. En la situación actual, la máxima sanción por violar las legislaciones en materia ambiental es una multa que suele ser irrisoria con relación a las ganancias obtenidas por los actores que llevan a cabo los delitos. Además, los presupuestos destinados no acompañan en la efectiva aplicación de las legislaciones. Un ejemplo es la Ley de Manejo de Fuego, cuyo presupuesto para el año 2021 no se ajustó a la inflación del período 2019-2020, aún con la magnitud de los incendios forestales del año anterior.

 

A pesar de los logros obtenidos, aún tenemos una gran deuda pendiente. Nos referimos a la sanción de la Ley de Humedales, que establecería los presupuestos mínimos para su conservación. Esta es una de las tantas problemáticas que enfrentan los intereses de sectores económicos con los intereses de la mayoría. Los lobbies en contra de esta ley provienen de los sectores del agro negocio, especulación inmobiliaria y minería, entre otros. Acorde al informe emitido por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, alrededor del 23% del territorio de nuestro país está cubierto por humedales. Esto, sumado a los invaluables servicios ecosistémicos que brindan (mitigación de inundaciones, captura de carbono, filtrado y retención de contaminantes, núcleo de biodiversidad, amortiguación climática, entre otras), hacen imperativo que la Ley de Humedales sea prioridad nacional.

 

Los esfuerzos de conservación de los ecosistemas deben ir acompañados de una profunda transformación cultural de los patrones de producción y consumo. Para ello, no basta con las iniciativas individuales, sino que se necesita repensar las dinámicas del mercado con las que operan los grandes poderes económicos, que buscan la maximización de las ganancias aún sabiendo hace largo tiempo la urgencia de la situación ambiental. En el Día del Ambiente necesitamos voluntad y ambición política a la altura de las circunstancias, sin recaer en luchas partidarias desde una perspectiva adulto-centrista que se desentiende del futuro reconociendo la importancia de un ambiente sano pero sin construir en función de la urgencia de la crisis climática y ambiental. La salida no es partidaria sino política, colectiva e inclusiva.

Ilustración: Rousso

“Al Norte y al Sur, al Este y al Oeste, el hombre serrucha, con delirante entusiasmo, la rama donde está sentado”.

Eduardo Galeano

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