¿Guerra Fría 2.0? La tensión Estados Unidos - Rusia y China

putin y biden

Por Florencia Grillo

Tras la reunión entre el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, en Ginebra, Suiza, en su primera cumbre en persona, surgen muchos interrogantes respecto a cómo se desarrollará este conflicto.

Primero, hay que destacar que la relación entre Rusia y Estados Unidos se ha deteriorado a su punto más bajo en décadas.

La reunión fue vista como un esfuerzo por parte de ambos países para establecer reglas básicas para aliviar las tensiones a raíz de una serie de ciberataques atribuidos a piratas informáticos rusos, sanciones por la supuesta interferencia de Moscú en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020 y una manifestación de expulsiones diplomáticas.

En un breve comunicado conjunto emitido por la Casa Blanca y el Kremlin a raíz de la cumbre reafirmó un compromiso de 1985, contraído en Ginebra por el entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Regan, y el entonces presidente de la Unión Soviética, Mikhail Gorbachev, en pleno contexto de Guerra Fría. Los simbolismos no pueden dejarse de lado.

Reunirse con Putin sólo después de asistir a la cumbre del G7 y la OTAN reafirma el compromiso de Estados Unidos con el multilateralismo y sus aliados transatlánticos. Esto podría ser considerado un enfoque distinto al de la turbulenta ideología de política exterior que mantuvo la administración Trump. Es decir, hacer un esfuerzo por mejorar la relación con Rusia, es importante para la administración Biden pero no tan importante como hacer negocios con los socios históricos de los Estados Unidos.

Hay que destacar el hecho de que esta reunión bilateral se haya celebrado tan temprano en la presidencia Biden, lo cual invita a comparar el enfoque que tenía su predecesor. Trump prefirió reunirse con Putin en privado, sin que dejen un registro oficial de las discusiones y que se generen especulaciones en torno a lo que podría haber sucedido. Y a diferencia de la reunión Obama-Putin, Trump también mostró una actitud casi reverente hacia su homólogo ruso.

Ambos líderes describieron las reuniones como respetuosas y productivas, pero la tensión entre ambos países no parece ir en descenso en el corto-mediano plazo.

El triángulo de poder

A medida que la relación China-Estados Unidos se encierra en una trayectoria aparentemente irreversible de competencia estratégica, es inevitable hablar de una nueva Guerra Fría.

Es importante señalar, sin embargo, que si bien ciertas características de la competencia estratégica moderna guardan cierto parecido con las de la Guerra Fría, esta era de globalización significa que es probable que un enfrentamiento global a largo plazo entre Washington y Pekín no se produzca en un futuro orden bipolar, sino multipolar, en el que los intereses complejos y entrelazados entre las naciones influyen en casi todos los aspectos de la competencia.

El mundo cambió y el escenario no es el mismo de los años 80. Hoy el orden multipolar está distribuido con el surgimiento de la Unión Europea, India y Japón, entre otros, pero el poder permanece fuertemente concentrado en manos de un triángulo: Estados Unidos, China y Rusia. Aunque su demografía y economía no entienden de ninguna manera sea un estatus de poder global sostenido, el arsenal nuclear y el poder militar de Rusia, junto con una política exterior de presencia global que sea acentuado durante el último año a partir de la diplomacia de vacunas, le garantiza su lugar en éste triángulo de forma indiscutida.

La alineación Rusia-China, lo que más teme Occidente

En los últimos años a medida que Estados Unidos ha aumentado la presión contra cada uno, China y Rusia han estado intensificando la cooperación bilateral en múltiples dominios, mientras trabajan estrechamente para contrarrestar la presión de Estados Unidos, y el orden internacional liderado por este, hoy en decadencia. La alineación China Rusia no debe descartarse simplemente como una alineación de conveniencia temporal, sino que se basa en un marco de cooperación de larga data con un objetivo estratégico claro establecido en su “Declaración conjunta sobre un mundo multipolar y el establecimiento de un nuevo orden internacional” de 1997.

Mientras ambos países sigan en desacuerdo con los Estados Unidos de occidente, es probable que mantengan suficientes incentivos para superar los problemas del pasado y empujar juntos hacia un orden internacional más favorable. A pesar de compartir un enemigo en común, estos no poseen intereses simétricos para una cooperación sostenida. Mientras la dependencia china de los recursos naturales siga en aumento, las tensiones pueden volverse insostenibles. La mayoría de los intereses económicos superpuestos de China y Rusia están en la energía, debido a la necesidad de Rusia de un mercado estable para compensar las sanciones occidentales, junto con la creciente demanda de energía de China y el deseo de diversificar su fuente de energía en respuesta a la prolongada tensión comercial con Estados Unidos.

A modo de resumen podríamos decir que Beijing presenta actualmente un desafío mucho más integral y estructural para Washington, ello puede verse en el orden de prioridades que la nueva administración demócrata está llevando adelante.

Por último, está intentando cooperar con Moscú en áreas de interés mutuo. Las políticas de línea dura hacia Rusia siguen vigentes, pero son en gran parte simbólicas y están diseñadas para apaciguar el sentimiento interno anti-Rusia. Los resultados reales como la extensión del New START (acuerdo nuclear entre EEUU y Rusia) o la reciente decisión Estados Unidos de renunciar a la sanciones por el gasoducto Nord Stream 2 (que atraviesa todo el mar Báltico desde Rusia hasta Alemania, principal impulsor del proyecto, junto con financiamiento chino) sugieren el objetivo general que se ha descrito por el secretario de Estado de Estados Unidos Antony Blinken: una relación estable y predecible con Rusia.

En este contexto de globalización sostenida junto con una creciente disparidad de poder entre Estados Unidos y China en relación con Rusia, esta configuración moderna este triángulo debería persistir en los próximos años, sobre todo en una coyuntura donde los principales proveedores de bienes escasos -como las vacunas contra el COVID-19-, están en manos de estas tres potencias. En el futuro, mientras concentra sus recursos en competir con China, Estados Unidos deberá estabilizar la relaciones con Rusia asegurando que éste no desestabilice la balanza a favor de China. Mientras tanto, la diplomacia de vacunas y la guerra por la influencia en países periféricos está a la orden del día.

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