Tironeo a Vidal para resolver la interna

Por Matías Mowszet

vidal

Una buena parte de la disputa por el liderazgo de Juntos por el Cambio pasa por una disyuntiva que, a priori, parece menor: si María Eugenia Vidal va como candidata en Provincia de Buenos Aires o en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

A poco más de un mes del cierre de listas para las postergadas elecciones legislativas, cada espacio político de la polarización argentina debe definir su panorama al interior de las disputas endogámicas por espacios de poder y, sobre todo, liderazgos.

El caso de Juntos por el Cambio es el más paradigmático porque está viviendo su primer proceso preelectoral tras la derrota de 2019. En Argentina, las derrotas te mueven la estantería y te descabezan conducciones.

De hecho, la experiencia del peronismo en su primera prueba tras la derrota de 2015 fue traumática. Fueron a las legislativas de 2017 con una división entre la estructura oficial con sello del Partido Justicialista que suscribió la candidatura de Florencio Randazzo y las tribus kirchneristas que bancaron la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner en una propuesta electoral que no tenía más que el rostro de la expresidenta.

Cristina vivió su primera derrota electoral al caer por 4 puntos frente a Cambiemos y a un candidato sin demasiado vuelo propio: Esteban Bullrich. Por el lado del PJ, llevaron el sello a un resultado muy decepcionante, con solo 5 puntos y quedando, en la lista de diputados, detrás del Frente de Izquierda.

Después de ese golpe de realidad para todos, vino el proceso de unidad que desembocó en la victoria de 2019.

El macrismo está inmerso en esa situación, aunque con un grado de madurez mayor, ya que no hay señales de ruptura, más allá de las lógicas internas habituales.

Pero ¿qué es lo que se disputan?

Las cabezas de los dirigentes opositores están puestas en 2023, ya que es necesario resolver un dilema que el peronismo ya tiene resuelto. El peronismo tiene presidente en ejercicio y lo lógico sería que apuesten por su reelección. En todo caso, las movidas de impulso de dirigentes alternativos están orientada a 2027.

Sin embargo, en el caso de Juntos por el Cambio, esa pregunta aún no tiene respuesta. Y en la respuesta, se puede advertir que va a correr un poco de sangre.

Quien aspira de manera inequívoca a la presidencia es Horacio Rodríguez Larreta, a quien le vencerá su segundo mandato en la ciudad y no le quedará otra que pegar el salto para no quedar afuera.

Esta intención choca con los sueños de regreso de Mauricio Macri o, en última instancia, con los sueños de permanencia en un espacio de conducción desde el cual digitar políticamente cediendo la representación a alguien de su núcleo duro: Patricia Bullrich, que ya expresó que le gustaría ser presidenta y hasta se animó a dar su gabinete.

Entre Macri y Larreta prima la desconfianza. Macri goza de mucha más injerencia en la estructura del PRO y, también, en las aspiraciones de las bases más radicalizadas de su electorado, los que salen a marchar cada vez que son convocados, que comulgan mucho más con la postura combativa de Patricia Bullrich que con el malabarismo institucionalista de Larreta. El problema de Mauricio Macri sigue siendo, y nunca dejó de ser, la alta imagen negativa. La imagen negativa más baja de Mauricio desde su ida de la Presidencia, sigue siendo más alta que la imagen negativa histórica más alta de Cristina, para tomar dimensión del nivel de rechazo que tiene el expresidente. Un rechazo que no cede.

Para colmo, sus intentos de humanización asistiendo a programas como el de Mirtha Legrand, bajo la suplencia de Juanita Viale, no hacen más que profundizar un problema que tiene Macri y que también tiene Alberto. Se relajan cuando están entre amigos y hablan de más.

En el caso de Mauricio, aquella entrevista con la Juana Viale quedó resumida públicamente en una sola frase: “yo a la 7 de la tarde cortaba todo para ver Netflix”

El jefe de Gobierno de la Ciudad, por su parte, cuenta con una importante estructura gubernamental, con presupuesto y vidriera de gestión, además del favor de gobernadores y de otras personas con responsabilidades ejecutivas que, por sus propias vivencias, entienden su encerrona.

Para el juego sucio y las declaraciones explosivas que él no puede dar, tiene a Lilita Carrió, muy movida por su enojo con Macri.

Pero hay una tercera jugadora: María Eugenia Vidal, que también expresó públicamente su intención de ser presidenta.

El problema de Vidal es que no cuenta con ninguno de los recursos que tienen los anteriores. Sólo tiene su imagen, ya desgastada por el paso del tiempo y por su poca incidencia en la dinámica política.

La ex-gobernadora de Buenos Aires necesita una tribuna desde la cual recuperar protagonismo, y eso es lo que el Poder Legislativo le puede ofrecer. Por eso, la mira está puesta en la Cámara de Diputados y a la elección de medio término de este año a la que está obligada a participar.

Ninguno de los dos distritos que ofician de centro neurálgico del país, ni CABA ni Provincia de Buenos Aires, eligen senadores. Para eso, habría que irse más lejos, a Santa Fe o a Córdoba. Es decir, la elección en ambos distritos es la misma.

Lo que sucede es que las aspiraciones de Vidal interfieren en la guerra fría que sostienen Macri y Larreta, y ambos quieren usarla para su propio beneficio, teniendo en cuenta que, pese a su falta de poder, lo que tiene María Eugenia es imagen.

Larreta, con el liderazgo consolidado en CABA, antes territorio de Macri, necesita “cruzar la General Paz”, como decía Néstor Kirchner. Sin armado por fuera de la capital, pensar en lograr un armado propio nacional para sus expectativas presidencialistas se vuelve difícil. El hombre de Larreta para jugar en la Provincia de Buenos Aires y abordar el siempre complicado conurbano bonaerense es Diego Santilli, el actual vicejefe de Gobierno de CABA.

El mecanismo de mandar al vicejefe de CABA a la provincia ya funcionó con Vidal en 2015. Recordemos que María Eugenia era vicejefa durante el mandato de Macri en la ciudad.

El problema es que la provincia es demasiado compleja, no solo por sus condiciones demográficas sino, particularmente, por la cantidad de fuerzas internas que allí confluyen. Muchos intendentes con aspiraciones y uno, particularmente, con cercanía al núcleo duro que es Jorge Macri, intendente de Vicente López.

Además, está el “problema Monzó”. El expresidente de la Cámara de Diputados insiste en jugar por adentro de Juntos por el Cambio y se convierte en una molestia para los sectores en pugna.

Si Vidal va como candidata en la provincia, algo que sería lógico por ser alguien que acaba de salir de esa Gobernación, complica los planes de expansión de Larreta y ayuda al plan de Macri de mantener al jefe de Gobierno contenido en su distrito.

El problema es que ya viene de una derrota allí que, casualmente, coincidió con la derrota de Macri en las presidenciales. La narrativa de Vidal es que ella no perdió. O, más bien, que perdió por el arrastre de la boleta de Mauricio Macri, pero que si iba suelta en una elección desdoblada, ganaba.

Más allá de lo contrafáctico del análisis, es una narrativa que le permitió escapar de los cuestionamientos despiadados que este país le ofrece a los perdedores. Sin embargo, perder en esta ocasión podría enterrarla para siempre. Es un riesgo demasiado grande para correr.

El otro plan para María Eugenia es mudar su nombre y sus expectativas a la Ciudad de Buenos Aires. Donde también se pelea la guerra Macri-Larreta.

Parte del plan de Macri de contener y eclipsar a Larreta es recuperar el territorio perdido. La construcción de Macri de vuelta en CABA fue en la cabeza y el nombre de Patricia Bullrich.

Larreta sabe que no tiene candidato para competir con Patricia Bullrich en la ciudad y sería muy grave dejarse copar en el distrito que gobierna. Allí aparece la “salvación Vidal”. En CABA, Vidal eclipsaría a la presidenta del PRO y, si hubiera primaria en las PASO, le ganaría.

Bullrich ya anticipó que no quiere disputar una interna y sus mensajes están orientados a “retar” a María Eugenia y decirle, sutilmente, que se vaya de ese distrito porque viene de ser gobernadora de la provincia.   

En resumen: si Vidal va como candidata en provincia, frustra los planes de expansión de Larreta y deja vía libre en la ciudad para que el macrismo duro le cope el territorio. Si Vidal va como candidata en CABA, frustra los planes de condicionamiento de Macri, corta en seco la carrera de Bullrich y le deja libre el terreno a Larreta para expandirse.

Por eso, ambos sectores tironean a la exgobernadora para que se adapte a los intereses de cada uno. El eje Macri-Bullrich la quiere compitiendo en provincia de Buenos Aires. Larreta la quiere compitiendo en CABA.

De la decisión de Vidal podrá desprenderse la respuesta a varias preguntas: ¿Cuánto poder tiene Macri dentro de JxC? ¿Cuán dispuesto está Larreta a jugarle con todo para sacárselo de encima?. Y, sobre todo, ¿Cuál de los dos espacios es el que Vidal, inteligente y estratégica, apuesta como ganador?

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