Once años de Matrimonio Igualitario: un hito en el reconocimiento de la diversidad.

Por José Scasserra

La ley 26.618 consistió principalmente en una intervención del código civil. Le modificó diversos aspectos, especialmente su artículo 172, que definía al matrimonio entre «hombre y mujer». La ley reemplazó la expresión por «contrayentes» y especificó que el matrimonio tendrá los mismo requisitos y efectos ante cualquier ciudadanx, «con independencia de que los contrayentes sean del mismo o de diferente sexo». Promulgada su sanción el 23 de Julio del mismo año, al día de la fecha han contraído matrimonio más de 10 mil parejas del mismo sexo a lo largo de todo el país.

La madrugada del 15 de julio del año 2010, después de años de activismo y militancia, Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en legalizar el matrimonio igualitario, y el décimo en el mundo. A once años del evento histórico, recordamos algunas estrategias de lucha que hicieron de nuestro país un lugar con más y mejores derechos.


Antecedentes para un triunfo

Por supuesto, la conquista no llegó sola. Implicó un proceso lento y paciente por parte de distintos espacios militantes y activistas, y hundió sus raíces en movimientos como «Gays por los derechos civiles», fundado por Carlos Jáuregui en el año 1991.

Desde ese momento, en reiteradas ocasiones se presentaron proyectos de ley por la unión civil, varios de ellos aprobados a escalas provinciales, que fueron allanando el camino para el proceso vivido en el año 2010.

El 14 de febrero de 2007, María Rachid y su pareja Claudia Castrosín se dirigieron al registro civil de la calle Montevideo para que les dijeran que no podían casarse. El acontecimiento no estuvo exento de cámaras: fue un paso hacia la igualdad, buscando instalar en la agenda pública el debate que llegaría al congreso tres años después.

En 2009, la jueza Gabriela Seijas falló a favor de dos peticioncitas, declarando inconstitucionales los artículos 172 y 188 del código civil, permitiéndoles de este modo contraer matrimonio siendo dos hombres. El fallo fue bloqueado por pedido de organizaciones como la Corporación de Abogados Católicos.

Desde el bloqueo realizado por organizaciones conservadoras, hasta la legalización del matrimonio igualitario, en Argentina se celebraron diez matrimonios en total de personas del mismo sexo que lograron aprovechar a su favor el amparo de la jueza Seijas. De este modo, junto con las militancias de décadas pasadas, se compuso el prontuario de antecedentes que los activismos recogerían en el año 2010 para elevar su pedido.

Asimismo, la ley 26.618 debe ser entendida como un paso en un proceso más amplio, que necesita ponerse en serie con la ley de Educación Sexual Integral (2006) y la ley de Identidad de Género (2012), si consideramos las dos primeras décadas del siglo.

 

Estrategias de lucha.

En su libro El fin del armario, el periodista e intelectual Bruno Bimbi cuenta que, para pensar las estrategias de lucha en vistas de legalizar el matrimonio igualitario, los grupos activistas invocaron todos sus saberes para producir una intervención efectiva. Derecho, política, teología, historia: había que saberlo todo. Hasta se estudiaban y categorizaban los argumentos de los adversarios, escuchando sus manifestaciones en los debates públicos de los países que ya habían legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. El objetivo era tener una respuesta sólida y argumentada ante cada contra argumento.

Otro modo de orientar el debate fue el de ir «por todo o nada». Entendieron la «unión civil» como una estrategia de bloqueo, un modo de impedir la igualdad total ante la ley, ya que no contemplaba todos los aspectos que sí hacía el matrimonio. De este modo, insistir con el «matrimonio igualitario» permitía no solamente legislar con igualdad para todxs lxs ciudadanxs, sino también disputar los valores hegemónicos del discurso homofóbico imperante en la sociedad. El mismo autor cuenta que, de triunfar la «unión civil», las organizaciones activistas y militantes estaban dispuestas a impugnarla judicialmente, y dirigirse a la corte suprema de justicia para pedir que se declararla inconstitucional, por considerarla segregacionista y discriminatoria. No había plan B.

Otro aspecto para destacar fue la coordinación y articulación con diversas fracciones del movimiento tan disímil, tan amplio, y tan poroso, que es a veces «lo LGBT». La idea de ir primero por el matrimonio igualitario antes que por la identidad de género fue una discusión no exenta de tensiones dentro de los espacios militantes. Bimbi destaca el diálogo con el «sector T» de los activismos, que legítimamente reclamaban por la urgencia de su derecho a la identidad. En las discusiones se evaluaba que el matrimonio igualitario podría interpelar más rápidamente a la ciudadanía heterosexual, funcionando como punto de contacto con la porción de la sociedad cuya opinión debía disputarse para ganar la batalla política. Considerando que dos años después se sancionó la ley de Identidad de Género, pareciera que la estrategia de lucha mostró ser efectiva.

De esta manera, con discursos, estrategias, contradicciones, aparateos, rispideces, y preguntas, en 2009 la CHa y FALGBT lanzaron la campaña con el proyecto que finalmente sería aprobado en el Congreso Nacional. Desde ese momento, hasta julio de 2010, transcurrieron los meses más agitados de una lucha de más de dos décadas de antigüedad. En mayo la discusión pública, mediática y jurídica escalaría hasta pasar por la sanción de diputados. Ante el triunfo de los activismos en la cámara baja, como es costumbre ya, la derecha conservadora procedió a organizarse, y presentar la alternativa de la «unión civil».

Finalmente, la ley que reconoció el derecho al matrimonio para todxs lxs ciudadanxs argentinxs, independientemente de su orientación sexual, llegó a ser aprobada el 15 de Julio de hace 11 años. Fuera del congreso, una multitud muerta de frío se alegró ante el triunfo histórico que implicó poder celebrar su amor y unión ante el resto de la sociedad.

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