CELAC vs. OEA: el nuevo debate sobre la integración regional de LATAM

OEA

Por Florencia Grillo

Perú tiene nueva administración luego de meses de espera y disputa voto a voto. Pedro Castillo asumió como el nuevo presidente y empezaron los cuestionamientos a la nueva visión de política exterior de descolonización que impone el nuevo gobierno.

Una política exterior “abierta y democrática”, que priorice la integración regional, el fortalecimiento de organismos como la CELAC y el Grupo Andino, y la reactivación de Unasur, anunció el nuevo canciller peruano Héctor Béjar al asumir el cargo. En su primer discurso como ministro de Relaciones Exteriores, dijo que “la autonomía e independencia serán un principio esencial de la nueva diplomacia peruana, las decisiones se tomarán en función de los intereses de nosotros, que es la expresión colectiva de la nación, y no de intereses de otros”.

No mencionó al Grupo de Lima, principal vocero internacional de la oposición al régimen venezolano, que el Perú ha integrado con entusiasmo en los anteriores gobiernos, pero fue claro en señalar que el nuevo gobierno se guiará por el principio de “no intervención en los asuntos internos de otros países” y que en ese marco buscará contribuir a un diálogo entre los distinto sectores venezolanos y no el enfrentamiento con el gobierno de ese país. Un claro distanciamiento del Grupo de Lima y a las propuestas de la candidata Fujimori y su visión de la política exterior.

“Sudamérica y América Latina en especial, tienen una deuda pendiente con sus pueblos para articular una acción conjunta y responsable en la lucha regional contra la covid- 19. Nuestros países tienen la obligación ética de cooperar en esta lucha, independientemente de las orientaciones políticas de los gobiernos” afirmó.

Es por ello que la reunión de cancilleres de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) del sábado 24 de julio que tenía como principal objetivo la búsqueda de una estrategia regional para adquirir vacunas y celebrar los 238 años del natalicio de Simón Bolívar, ahora toma más relevancia.

Porque el encuentro, que tuvo lugar en Ciudad de México, fue noticia por otras razones. La principal, un discurso del presidente anfitrión, Andrés Manuel López Obrador, haciendo un llamado a sustituir la Organización de Estados Americanos (OEA).

El mandatario incluso delineó algunas características que debería tener ese nuevo organismo, al que equiparó con la Unión Europea: debería ser un ente «verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador a petición y aceptación de las partes en conflicto en asuntos de derechos humanos y de democracia”. La idea fue rápidamente rechazada por Colombia, pero bien acogida por figuras como Alberto Fernández, Luis Arce y José Mujica.

Incluso Fernandez sostuvo que la OEA «ha dejado de ser un organismo que funcione y sirva a América Latina”. A través de Twitter, Arce dijo «hacerse eco de las palabras del hermano López Obrador”, mientras que el expresidente uruguayo dijo, tras apoyar a AMLO, que «es un deber aprender a gobernarnos nosotros mismos; la tutoría de los intereses de las potencias del norte nos ha hecho mucho mal”.

Tras las reuniones bilaterales (incluso con el mandatario conservador Guillermo Lasso) que Fernandez tuvo en Perú en el marco de la asunción de Pedro Castillo, se planteó la idea de que sea el próximo presidente de la CELAC. Con el apoyo explícito de México, quien hoy posee la presidencia del organismo regional, Alberto Fernandez podría asumir el cargo el próximo mes.

Para entender un poco más el rol de la CELAC de cara al futuro, hay que hablar de los cuestionamientos que hoy posee la OEA, el organismo que se intenta debilitar en el plano geopolítico.

La aparente inacción ante la deriva represora en Nicaragua, el silencio ante la situación de Honduras y la cuestionada actuación tras el golpe al presidente Evo Morales en Bolivia no han ayudado a mejorar la situación de la OEA de cara a distintos actores regionales. Incluso la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), que engloba a exmandatarios como José María Aznar, Jorge Quiroga y Mauricio Macri, emitió un comunicado criticando a la OEA por no actuar a tiempo en Nicaragua.

La OEA sigue siendo un actor influyente, pero con una política centrada en la agenda de Estados Unidos hacia América Latina. Bajo la secretaría de Luis Almagro se ha alejado de una posición imparcial y se ha enfocado en la estrategia geopolítica de la potencia contra gobiernos específicos, especialmente los del ámbito bolivariano.

Ha sido catalogada muchas veces como un organismo ineficiente que refleja las fracturas que hay en la región. La organización postergó una reunión para tratar la situación de Cuba tras la oposición de varios países, y en el caso de Venezuela no logró el consenso necesario para adoptar una resolución determinante ante la crisis.

Hay que tener presente que la OEA se levantó en la Guerra Fría, y es probable que agarre nuevamente vigor por el auge de China y los constantes esfuerzos de Rusia por reaparecer como un actor dominante dentro del sistema internacional.

Hay un ente regional que responde a necesidades nuevas, que es la CELAC, como decia anteriormente. Es una OEA sin EE.UU. ni Canadá y fue creada para impulsar un diálogo sur-sur en América, un poco al margen de la gran influencia, sobrevalorada, de esos dos países. Hay que repensar la OEA, sobre todo teniendo presente que ni Cuba ni Venezuela participan en ella.

Es por ello que afirman que hay que reforzar la Celac, especialmente con el tema de la legislación internacional respecto a las sanciones ilegales que impone Estados Unidos.

El surgimiento de cualquier nueva organización supranacional comporta desafíos enormes. Supranacional implica que se sobrepasan los límites de lo nacional y se dificulta el efecto vinculatorio cuando se incide en la soberanía. Las mayores presiones vienen del exterior y esto enciende de alguna manera los nacionalismos. Por otra parte, hay que entender que hay una desconexión entre los países que viven realidades totalmente diferentes. Como la impronta de EE.UU. es tan fuerte en la región, la única manera actual de imponer sanciones con algún efecto coercitivo es apelando a la potencia norteamericana, dice. Por ello, si el resto del continente quiere tener alguna posibilidad de crear organismos de alcance regional que dejen huella, lo primero que tendría que hacerse sería reforzar los lazos económicos.

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